Se trata de un proyecto centrado en la mejora de la calidad asistencial y de la experiencia del paciente y de sus familiares, que aboga también por el cuidado de los profesionales
El desarrollo científico y los consiguientes avances tecnológicos que ha experimentado la medicina en el último siglo han dado lugar a un aumento de la supervivencia de los pacientes ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos. Paralelamente, estas unidades han ido adoleciendo de la pérdida paulatina de algunos de los aspectos inherentes a la profesión sanitaria: cercanía, comprensión, empatía, entre otros.
«Cuando una persona está ingresada en una UCI se siente más vulnerable, frágil y expuesta: entrega el control de su vida, su autonomía, su intimidad y su privacidad a personas que no conoce y, a todo esto, hay que sumarle el dolor y la incertidumbre por la salud o la vida», asegura la Dra. Marcela Hómez Guzmán, Jefa de Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Quirónsalud Valle del Henares.
Hay que tener en cuenta, además, que este tipo de asistencia no sólo implica al paciente, sino que también la familia vive esta situación con inseguridad por la pérdida del contacto con el ser querido en unos momentos sumamente difíciles.
«En este contexto se hace necesario recuperar una perspectiva holística de nuestra labor, dando un giro hacia la humanización de la asistencia a nuestros pacientes, desde el interior de la unidad hacia fuera. Planteamos un cambio en nuestra manera de trabajar, intentando mejorar la comunicación entre los actores principales (del paciente con el profesional, del paciente con su familia, y de la familia con el profesional), creando una línea de trabajo que estudie también la situación del profesional en su día a día», señala la experta.
El proyecto pone el foco en lo que se denominan los 4 pilares fundamentales de la humanización: el paciente, su familia, el entorno y los profesionales. Para lograrlo, se establecen acciones de mejora enfocadas en mejorar cada uno de estos ítems, a través de 5 líneas estratégicas:
– UCI de puertas abiertas: ampliando los horarios de visita y facilitando la flexibilidad horaria para los familiares, haciéndoles partícipes en los cuidados básicos cuando la situación del paciente lo permita, mejorando el entorno físico a través de la creación de espacios cálidos, facilitando la tenencia de objetos personales y prestando apoyo emocional y psicológico a los acompañantes.
Se ha demostrado que la presencia de los familiares en la unidad mejora el estrés y el delirium en los pacientes, y al contrario de lo que se podría pensar, no incrementa el riesgo de infección en el paciente. En cuanto a las familias, incrementa el grado de satisfacción de éstas, la clarificación de la información y, en caso necesario, mejora el duelo ante la muerte.
– Comunicación: entre los miembros del equipo multidisciplinario, facilitando información comprensible para el paciente y su familia, favoreciendo la comunicación con los pacientes que presentan limitaciones en el uso de sistemas de comunicación no verbal (tablas de pictogramas), preguntas de sí/no, uso de sistemas alternativos y escucha activa, así como el tiempo suficiente para resolver las dudas que se planteen.
– Bienestar del paciente: mediante la implantación de protocolos de analgesia y sedación, control del ruido, promoción del sueño, monitorización adaptada, privacidad en el aseo, acceso a gafas, audífonos y dispositivos de entretenimiento, y cuidados corporales básicos que favorecen la autoestima.
– Cuidado de los profesionales: visibilizando y evaluando el burnout, facilitando programas de formación continua, estableciendo espacios de diálogo y participación e implementando programas de reducción del estrés y apoyo emocional.
– Prevención del síndrome post-UCI: vigilando la aparición de síntomas tanto físicos como psicológicos (dolor, insomnio, ansiedad o trastorno de estrés postraumático), realización de una encuesta al alta en pacientes que superen 48 horas de estancia y establecimiento de protocolos preventivos (analgesia y sedación adecuadas, manejo del delirium, movilización temprana y desconexión progresiva de aparatos de ventilación mecánica).
«En conclusión, se trata de un proyecto centrado en el paciente, su familia y los profesionales, que busca mejorar la calidad asistencial y la experiencia del paciente crítico, disminuyendo las complicaciones post UCI e impulsando un cambio cultural sostenible en nuestras Unidades», concluye la Dra. Hómez.
Sobre Quirónsalud
Quirónsalud es el grupo de salud líder en España y, junto con su matriz Fresenius-Helios, también en Europa. Además de su actividad en España, Quirónsalud está también presente en Latinoamérica. Conjuntamente, cuenta con más de 50.000 profesionales en más de 180 centros sanitarios, entre los que se encuentran 57 hospitales con más de 8.000 camas hospitalarias. Dispone de la tecnología más avanzada y de un gran equipo de profesionales altamente especializados y de prestigio internacional. Entre sus centros, se encuentran el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Centro Médico Teknon, Ruber Internacional, Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, Hospital Quirónsalud Barcelona, Hospital Universitari Dexeus, Policlínica Gipuzkoa, Hospital Universitari General de Catalunya, Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, etc.
El grupo trabaja en la promoción de la docencia (once de sus hospitales son universitarios) y la investigación médico-científica (cuenta con el Instituto de Investigación Sanitaria de la FJD, acreditado por el Ministerio de Ciencia e Innovación).
Asimismo, su servicio asistencial está organizado en unidades y redes transversales que permiten optimizar la experiencia acumulada en los distintos centros y la traslación clínica de sus investigaciones. Actualmente, Quirónsalud está desarrollando multitud de proyectos de investigación en toda España y muchos de sus centros realizan en este ámbito una labor puntera, siendo pioneros en diferentes especialidades como oncología, cardiología, endocrinología, ginecología y neurología, entre otras.