Condenado en Madrid un profesor a 10 años y medio de cárcel por abusar de una alumna que se suicidó y de tres más

Una de las víctimas se quitó la vida en 2025 tras años de graves secuelas psicológicas que los informes periciales vinculan con los abusos sufridos cuando era alumna de un instituto madrileño.
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La Sección Décimoquinta de la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a Enrique Antonio S. D., profesor de matemáticas de un instituto de Educación Secundaria de un instituto de Villanueva del Pardillo, a diez años y medio de prisión por agredir sexualmente a una alumna menor de edad y abusar de otras tres estudiantes durante el curso 2019-2020.

La pena principal, de nueve años de cárcel, corresponde a un delito continuado de agresión sexual con acceso carnal cometido contra una de las cuatro alumnas. La joven se suicidó en 2025 tras años de graves secuelas psicológicas que, según la sentencia, guardan relación directa con los abusos sufridos. Por los hechos cometidos sobre las otras tres víctimas, el tribunal impone además penas de menor cuantía, multas, libertad vigilada e inhabilitaciones específicas.

Entre las medidas acordadas figura la prohibición de acercarse al cementerio donde descansan los restos mortales de la alumna fallecida.

Según el relato de hechos probados, el acusado impartía clases de matemáticas a alumnos de 4º de la ESO. Desde el inicio del curso mantuvo un comportamiento diferenciado con varias alumnas, caracterizado por acercamientos físicos excesivos, susurros al oído, caricias en brazos, espalda, rostro y muslos, además de comentarios sobre su aspecto físico como «qué guapa vienes» o «qué guapa eres».

Los hechos más graves se produjeron con una alumna identificada como M. El 3 de octubre de 2019, tras un episodio relacionado con una corona de cumpleaños con mensajes de connotación sexual, el profesor le dio dos besos que la menor describió como «lentos y turbios». Posteriormente, según la resolución, le tocó la cara en distintas ocasiones, le susurró al oído y mantuvo reuniones privadas con ella en el aula con las luces apagadas y las persianas bajadas.

El episodio central ocurrió el 13 de diciembre de 2019. Durante el segundo recreo, la menor acudió sola al aula del profesor. Allí, este le cogió las manos, le confesó que quería besarla y le dio un beso en los labios con lengua. Después le pidió que se sentara sobre sus piernas y le realizó tocamientos en los pechos y glúteos por encima de la ropa.

La sentencia recoge que, tras sonar el timbre, la alumna regresó preocupada al aula. Poco después, el profesor cerró la puerta con llave, la colocó sobre una mesa, le bajó los pantalones y la ropa interior y le introdujo el pene en la vagina, deteniéndose cuando ella se lo pidió.

La resolución también describe conductas similares, aunque de menor intensidad, con otras tres alumnas. Entre ellas figuran tocamientos en muslos y cara, abrazos, besos en la mano, guiños y mensajes considerados inapropiados enviados a través de Google Classroom, incluso durante las vacaciones de Navidad.

Todas las víctimas coincidieron en señalar que el acusado mantenía una actitud más cercana y física con las chicas, mientras que con los chicos era más estricto y distante. Varias compañeras y profesoras corroboraron esos patrones de comportamiento durante el procedimiento judicial.

Como consecuencia de los hechos, M. sufrió un trastorno adaptativo con síntomas de ansiedad y depresión, además de un trastorno de personalidad. Tras lo ocurrido cambió de nombre y de centro educativo, fue hospitalizada hasta en ocho ocasiones en unidades de psiquiatría durante el año siguiente y manifestó ideas suicidas.

La joven acabó con su vida a principios de agosto de 2025. Los informes de las psicólogas que la trataron y de los psiquiatras forenses vinculan directamente su grave deterioro psicológico con los abusos sufridos. Las otras víctimas también describieron sentimientos de malestar, incomodidad y miedo, aunque con secuelas menos graves.

La Sala basa su convicción en la credibilidad de las declaraciones de las víctimas, que considera persistentes, coherentes en lo esencial y corroboradas por testimonios de compañeros de clase, padres de la principal perjudicada, responsables del centro educativo y diversas pruebas psicológicas y periciales practicadas durante la instrucción.

Por el contrario, la sentencia rechaza la versión del acusado, que negó los hechos más graves y atribuyó las acusaciones a un supuesto complot. Los magistrados concluyen que su declaración presenta contradicciones y carece de corroboración externa.

No obstante, la sentencia no es firme y cabe recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.